La metatarsalgia es una de las lesiones más tediosas para los corredores de fondo. Se manifiesta mediante un dolor punzante o ardiente en la bola del pie o por la zona inmediatamente anterior a los dedos. Los metatarsianos son los cinco huesos que se extienden a lo largo del arco plantar hasta conectar con los dedos de los pies, actuando como amortiguadores cuando corremos. Al dar una zancada el peso de nuestro cuerpo se transfiere a estos huesos; así repetidamente paso tras paso. Si la distribución del peso a través del pie no está equilibrada y hay desigualdades (por una mala mecánica o una zapatilla inadecuada) los metatarsianos serán susceptibles de sufrir, irritarse e inflamarse. Ahí está la metatarsalgia.
Como ocurre con muchas de las lesiones deportivas, puede haber varios factores en su origen, aunque uno de los más comunes es el pie cavo (los que presentan un arco plantar alto). Con las altas cargas de entrenamiento, habitualmente aumentan la presión y la tensión en las cabezas del segundo, tercer o cuarto metatarsiano, lo que puede desembocar en esta lesión. Además, si corremos durante mucho tiempo con este dolor y no le prestamos la atención debida, la situación puede complicarse en el futuro con la aparición de neuromas o fracturas por estrés, por lo que si percibimos este dolor punzante -que suele localizarse e identificarse fácilmente- lo mejor es que paremos de correr, revisemos nuestro calzado (usar zapatillas desgastadas que han perdido sus propiedades de amortiguación es una causa bastante común de la metatarsalgia) y acudamos a un podólogo para que nos examine.
Como apuntábamos antes, en ocasiones puede ser suficiente con reemplazar las zapatillas de correr si éstas son el motivo de la lesión. El descanso, la aplicación de hielo o algún tipo de vendaje también son necesarios para curar adecuadamente esta lesión. Si la molestia persistiera habría que estudiar el uso de plantillas personalizadas para correr o zapatillas con espumas de amortiguación más contundentes y mejor absorción del impacto.
Los ejercicios de fortalecimiento es uno de las mejores métodos para prevenir la metatarsalgia, así como someterse a un análisis biomecánico de la pisada para estudiar nuestra forma de pisar y las necesidades que tiene nuestro cuerpo a la hora de practicar deporte o simplemente caminar. Del mismo modo, si somos propensos o susceptibles de sufrir esta lesión, también debemos elegir una superficie que sea lo más amortiguada posible, ya que los terrenos duros como el asfalto o el hormigón van a acelerar este proceso metatarsálgico.
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